El Asombro

Posted by rizomas on 11 junio, 2021 in artículos circular educación rizomas

El asombro.

La mirada de la infancia está abierta a todo, carente de condicionamientos y limitaciones. Es una mirada abierta y predispuesta a la fascinación, al descubrimiento, al aprendizaje. Creo que esa es la razón por la que l@s niñ@s nos llenan de optimismo y de esperanza; porque nos recuerdan que el mundo está ahí para nosotr@s, esperando a ser descubierto y disfrutado.

Junto con otras, como la gratitud y la inspiración, el asombro es una de las llamadas emociones trascendentes. Todas ellas, además de insuflarnos energía y motivación, nos conectan con la sensación de formar parte de algo más grande, de algún modo nos conectan con la colectividad y con la humildad. Personalmente, me fascinan estas emociones y especialmente el asombro. Probablemente por eso, no termino de entender en qué parte del camino decidimos que se trata de una capacidad prescindible. En qué parte del camino perdimos la claridad sobre su influencia y potencial para el aprendizaje.

Muchas de las grandes mentes de la historia reflexionaron sobre el tema y no pasaron por alto el papel fundamental del asombro en los avances del ser humano. El mismo Aristóteles explicaba como la filosofía nacía de nuestra capacidad para dejarnos cautivar por la realidad, de nuestra admiración por lo que nos rodea. Y en relación con el asombro, ha quedado para la posteridad, la cita de Einstein en la que advierte que “aquel a quien ésta emoción resulta extraña, quien no puede hacer una pausa para maravillarse y quedarse cautivado en el asombro, está más muerto que vivo , pues sus ojos están cerrados.”

Gracias al asombro se han producido grandes descubrimientos y creaciones, y se han producido importantes cambios de paradigmas. Pero más allá de la magnificencia que acompaña a esta emoción, hoy me gustaría hablar de la presencia del asombro en nuestro día a día, de cómo permitir y promover que l@s niñ@s aprendan desde y gracias a esta emoción. Y por supuesto, también de la reconexión de nosotr@s, adultos sobreocupados del siglo XXI, con la capacidad de asombrarnos.

Imagina a un bebé que por primera vez alcanza su pie. Lo hace movido por la fascinación del propio movimiento, por las emociones que éste le provee y, al mismo tiempo, porque ese “objeto” (que todavía no sabe que le pertenece) le inquieta y le atrae. Cuando por fin lo tiene, le maravilla y necesita conocerlo en profundidad. Lo mira, lo toca, lo prueba… una y otra vez, concentrado como si estuviera desentrañando el misterio de la vida y con una satisfacción plena. ¿Te parece exagerado? Te invito a observar con atención y sin juicio. Puede que como nosotr@s ya sabemos que se trata de un pie y hemos visto hacerlo en muchas ocasiones, tengamos dificultades para verlo con claridad.

Imagina entonces a un niñ@ de unos tres años en un entorno natural. Con muchos bichitos a poder ser. ¿Cómo se acerca a cada uno de los animales, cómo observa lo que le rodea? ¿Cuántas preguntas aparecen después sobre qué son esos insectos y por qué hacen esas cosas? Y si se lo permitimos ¿cuántas veces quieren volver a ese lugar?

La capacidad de sorprendernos ante lo novedoso y aprender de ello es clave para nuestra supervivencia y desarrollo. Pero en un mundo donde reina la prisa , la sobreexposición, o sobreestimulación, difícilmente hay espacio para el asombro. Necesitamos que nuestros sentidos estén disponibles, que no se hayan habituado a niveles de estimulación tan intensos, que la realidad no les impacte. Necesitamos que nuestra atención esté libre para poder dirigirse hacia un foco de interés. Y necesitamos, por supuesto, tiempo para maravillarnos, para dejarnos llevar por el asombro, para explorar de su mano.

En un momento en el que una de las asignaturas pendientes de la educación y uno de los mayores retos de los educadores es erradicar la desmotivación del alumnado, el asombro debería recobrar protagonismo. Y no es aleatorio que, en estos tiempos de la prisa y los excesos, impulsen con fuerza el cambio educativo propuestas pedagógicas que abogan por lo sencillo, por el respeto a los tiempos, por la búsqueda y el aprendizaje activo.

Aunque pueda parecerlo, ninguna de las pedagogías activas son “nuevas pedagogías”, todas llevan décadas acompañando y viendo crecer . Lo realmente sorprendente es que los conceptos de los que parten nos lo parezcan. No quiero decir con esto que la solución para mejorar el sistema educativo venga necesariamente de la mano de ninguna pedagogía específica, pero sí que estas premisas deberían acompañarnos en la reflexión de lo que necesitan l@s niñ@s del presente y del futuro. Si llenamos los vacíos antes de que las dudas surjan ,difícilmente el aprendizaje será activo y el asombro hará acto de presencia.

Si necesitas más para animarte a devolverle al asombro el lugar que merece, puedo decirte

que, entre otras cosas:

-Nos hace más curios@s y creativos.

-Nos permite resolver mejor los problemas ya que nos permite ir más allá, estar abiertos,

explorar más posibilidades.

-Nos ayuda a desarrollar el pensamiento crítico.

-Mejora nuestro estado de ánimo, contribuye a nuestra percepción de felicidad y reduce el

estrés.

(Si te interesa el tema, te invito a profundizar en los estudios de Deacher Keltner.)

Por tanto, si quieres que esta capacidad sobreviva fuerte en la infancia, favorece la exploración y el movimiento libre, reduce el tiempo de pantallas en la medida de lo posible, da prioridad a los elementos de juego menos estructurados, observa y respeta los tiempos y los ritmos, no olvides el infinito poder de asombrarnos que tiene la naturaleza…

Nuestra función, a veces, tiene más que ver con no bloquear esta capacidad que con favorecerla.

Te recomiendo la lectura de Catherine L ́ecuyer “Educar en el asombro”.  Aboga por posicionar al niñ@ en el centro de la educación, por encima del método, de los estímulos presentados o de los  educadores y reflexiona, magistralmente, sobre el poder del asombro, que ella define como la “estimulación temprana natural”. Como aquello que lleva al niñ@ a descubrir el mundo que le rodea y a mantenerse motivado en el camino. Una delicia de lectura.

Y nosotr@s, como adult@s ¿Podemos hacer algo para reconectarnos con el asombro? Evidentemente sí. Podemos intentar aplicar mucho de lo dicho. Darnos permiso para el movimiento libre, la exploración, el juego, intentar evadirnos de la creencia de saberlo todo, de pensar que hay poco por descubrir. Experimentar y probar cosas nuevas y mantener abiertos nuestros cinco sentidos . Y, por supuesto, rodearnos de buenos compañeros y guías para el trayecto. Hay muchos adult@s asombrados y asombrosos pero sin duda, el mejor maestr@ siempre es un niñ@.

En la línea de la reconexión y el mantenimiento del asombro, hay propuestas muy interesantes como el diario de asombro o los rituales. Probablemente mi favorito es el de David Pollay (Director de la Asociación Internacional de Psicología Positiva) que propone, para no perder el asombro con lo cotidiano, empezar el día asomándonos a la ventana, observar aquello que nos llame la atención del ambiente y dejarnos llevar por algo, cualquier cosa que nos resulte llamativa o fascinante. Él afirma llevar años practicando sin haber dejado de experimentarlo un solo día.

Definitivamente con los ojos abiertos siempre se encuentra algo.

Ojalá que la infancia esté siempre en tu mirada.

“A los ojos de un niño, no hay 7 maravillas en el mundo, hay 7 millones.

Walt streightiff.

Edurne Simón

Psicóloga. Gestión emocional y desarrollo a través del juego.